En ese día en que lo peor de mí salió a la vista, en dónde toda la mierda de mí me consumió, estando en ese profundo agujero de oscuridad, frío y desolación, por fin entendí que era necesario tocar fondo para resurgir. Debí odiarme, para llegar a amarme, porque solo reflexionando de todo lo que había hecho, comprendería lo que soy, haría más fuerte la relación entre alma y mente.
Simplemente llega el día en el que te cansas de estar en el suelo, te cansas de cuestionarse, odiarte, de juzgar, te cansas de la oscuridad, el frío y el miedo, entonces sales de nuevo al mundo y todo es nuevo para ti, todo te da miedo, pero este nuevo paisaje te alienta a seguir, ya nada es igual, tú has cambiado y el mundo también, ahora eres mejor que antes, estás herida, pero aún crees en la magia y en la inocencia. Empiezas a quererte, a sentirte bien contigo misma, te miras en el espejo y te sientes satisfecha y sabes que cada minuto de oscuridad, cada lágrima y todo el odio valió la pena.
15/12/2017
Paula.
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